La falla en el decálogo del diseño


El Decálogo del Diseño consiste en los diez principios propuestos por el afamado diseñador alemán Dieter Rams, quien fuera uno de los iniciadores del Movimiento Funcionalista alemán (Gute Form), para generar auténticas propuestas de diseño; en él se plasma la filosofía del diseño creativo, que debe proyectarse en la generación de cada uno de sus productos. estos principios son:
  1. El buen diseño es innovador.
  2. El buen diseño hace a un producto útil.
  3. El buen diseño es estético.
  4. El buen diseño hace a un producto comprensible.
  5. El buen diseño es honesto.
  6. El buen diseño es discreto.
  7. El buen diseño tiene una larga vida.
  8. El buen diseño es consecuente en sus detalles.
  9. El buen diseño respeta el medio ambiente.
  10. El buen diseño es diseño en su mínima expresión.
En la actualidad, sin embargo, se ha llegado a decir que son los diez principios que nadie aplica. Muchos diseñadores se desprenden de algunos en sus respuestas, pero ¿a qué se debe este fenómeno?.
Una de las pocas cuestiones que deja de lado el decálogo es contextualizarnos en la época en que se concibió, a un par de décadas de la segunda guerra mundial, en una nación reconstruyéndose pesadamente, endeudada, y sobre todo, carente de recursos, que buscaba nuevas formas de activar su economía, y vio en el diseño (en forma de la escuela de ULM y su trayectoria) un recurso valioso que podría darle ventajas competitivas a los productos alemanes. Tal vez de no ser por este interés, el diseño sería un fenómeno completamente diferente a lo que es hoy.

Hablar así quizá sea desvirtuar y resumir por mucho los hechos y fenómenos histórico-culturales que llevaron a esta resolución, pero podemos pensar que llevó a este resultado: el diseño en ese mundo (a unas decadas de las grandes guerras) se volvió un proceso ordenado que debía ser interpretado por técnicos e ingenieros y administradores, que debían convertir esas planeaciones en productos demandados. El diseñador fue entonces lo que el tiempo requirió de él, un profesional sencillo, franco, directo, discreto, que intentaba comunicarse de una manera comprensible con las personas de su entorno. 

Se podría decir que el Decálogo no habla sobre los objetos ni sobre el Diseño en sí, sino sobre los diseñadores. ¿Cómo debe ser un diseñador?. Una tarea compleja en un mundo que proyecta un aparente exceso de recursos haciendo que luzcan ilimitados, y se centra en los deseos, más que en las crisis.

 El diseño será, finalmente lo que los diseñadores hagan de él (como fue el objetivo del concilio internacional de sociedades del diseño industrial, cuando anularon cualquier definicion del diseño en sus actas en 1971), y los diseñadores son humanos, personas que son vulnerables a ese lado oscuro de la creatividad: generar sin propósito; generar por generar, propuestas mas atrevidas e ilusoriamente interesantes, que estallan en las mentes de las personas que pueden costearlas, lejos de las crisis , de la guerra, las bombas, las enfermedades, la contaminación y la violencia...un mundo diferente al que Rams vivió otrora. 


imagenes: izquierda,Curve ganador del concurso internacional de diseño Opus. derecha, Detonador de minas antipersonales Mine Kafon de Massoud Hassani.